Juana Gorriti (1818-1892)
Educadora
Juana Gorriti (1818-1892)
En primera persona
«Una vez que se ha entrado en el camino de las letras, es necesario marchar, marchar siempre. Nada de reposo. Todo descanso parece una deserción»
Biografía
En los tiempos de Juan Manuel de Rosas, la familia Gorriti, de corte unitario, debió emigrar a Bolivia, donde se radicó por un tiempo. Allí Juana Manuela conoció el amor, encarnado en la figura del capitán Manuel Isidro Belzú, con quien se casó al poco tiempo de conocerlo (con solo 14 años). Dos niñas nacieron de esta unión: Edelmira y Mercedes.
Junto a Belzú, vivió los vaivenes políticos de Bolivia y por eso tuvo que peregrinar constantemente entre ese país y Perú. Acompañó las acciones militares en las que intervino su esposo, quien, en 1848, llegó a convertirse en presidente de la República de Bolivia.
En esas idas y vueltas entre La Paz y Lima, Juana Manuela decidió abrir en esta última ciudad un colegio privado y mixto, de instrucción primaria. Al poco tiempo comenzó a ser frecuentado mayormente por mujeres, a quienes se les impartió lecciones complementarias. En esas clases la literatura ocupó un lugar relevante. Ese grupo de mujeres a las que Juana educó, con el tiempo formarían parte de la intelectualidad limeña.
En paralelo con su acción educativa, Juana Manuela fundó el Salón Literario, integrado casi exclusivamente por mujeres. El objetivo era compartir ideas, borrar las fronteras entre lo público y lo privado y modernizar el Perú. En aquellas veladas se fue forjando una nueva sensibilidad sobre el rol de la mujer letrada en la sociedad, no solo en lo atinente a la educación femenina y el espacio ganado por las escritoras jóvenes, sino también por las novedosas formas de interacción que esas reuniones promovían.
Gracias a la escuela que dirigió, Juana Manuela formó varias generaciones de niñas. Las escritoras peruanas Mercedes Cabello, Clorinda Matto de Turner, Felisa Moscoso, Dolores Chocano, Carolina de Bambardén y Amalia Prega fueron sus hijas espirituales.
Si bien la escuela le permitió satisfacer sus necesidades materiales, también debió recurrir al periodismo como complemento. Cuando estaba organizando su escuela, escribió su primera novela, La quena (1845), que centra sus acciones en los amores entre españoles y pobladores autóctonos. Las dos parejas protagonistas revelan las tensiones raciales entre sus componentes: la relación de una princesa inca con un conde español. Matrimonios regidos por arreglos previos, que denotan fraudes y violencias derivados de la avidez predatoria de los conquistadores que se extendía a todas las relaciones sociales.
Juana Manuela propuso la educación como solución a la cuestión indígena: “Las profecías de nuestro país nos prometen un libertador […] Prométeme que tú serás ese libertador, y que para redimir a nuestros hermanos no emplearás el odio que pida la sangre de sus amos, sino la ilustración, el más sublime y seguro medio de libertar a los pueblos”.
Su marido murió en forma trágica en 1865, pero ella siguió viviendo en el exilio y continuó con sus tareas como educadora y escritora.
En 1875 decidió retornar a Buenos Aires. Apenas llegó, se enteró del grave estado de salud que estaba atravesando Juana Manso: la visitó inmediatamente en su lecho de muerte. Fue el primer y último encuentro entre las dos grandes educadoras.
En Buenos Aires se comenzaron a publicar sus libros, como la compilación Panoramas de la Vida en 1876, con prólogo de Mariano A. Pelliza y, tres años más tarde, Misceláneas.
En 1879 regresó a Lima, donde falleció su hija Mercedes. Entre 1880 y 1886 alternó su vida entre Lima y Buenos Aires. En 1886, ya anciana y enferma, regresó desde Buenos Aires a Salta en ferrocarril, acosada por el presentimiento de la muerte, para visitar los escenarios de su infancia.
Juana Manuela Gorriti se ha hecho célebre no solo por su vida, tan llena de vicisitudes, y por su innegable valor como literata, sino también por La cocina ecléctica, un fascinante libro de arte culinario, el cual, además de su interés estrictamente gastronómico, posee un gran valor documental, ya que aporta recetas folclóricas argentinas y de otros países latinoamericanos, e incluso de la cocina europea de la época. Pero en este espacio queremos recordarla como una precursora de la educación. Su iniciativa de fundar un colegio en Lima es el antecedente del papel que jugaron otras como ella, que en la primera década del siglo XIX fueron pioneras en la educación de la mujer.
