Julia Bunge (1880-1969)
Educadora
Julia Bunge (1880-1969)
En primera persona
«Y así, recordando su niñez, quisieron dedicar el tiempo a los niñitos de ahora, para divertirlos con lo que a ellas las había divertido, para despertarles ese gusto por la lectura y el trabajo, que les era un tesoro en la soledad. ¡Quizás ellos se encontrarán también solos alguna vez!»
Biografía
Julia Bunge nació en Buenos Aires en 1880 y falleció en la misma ciudad el 26 de julio de 1969. Su familia formaba parte de la élite económica y cultural de la Argentina de finales del siglo XIX. Su padre fue Octavio Bunge, abogado que integró la Corte Suprema de Justicia, y su madre, María Luisa Rufina Arteaga, se dedicó a la crianza de sus hijos. Su hermana Delfina acompañó todos sus emprendimientos educativos, mientras que sus hermanos se destacaron en el ámbito de la cultura y la política de nuestro país, como el sociólogo Carlos Octavio Bunge y el economista Alejandro Bunge. Se casó con el estanciero Ignacio Uranga, y así se vincularon dos familias de la oligarquía tradicional argentina.
Del mismo modo que su hermana Delfina, Julia fue educada con orientaciones artísticas, en especial música y literatura. En cambio los varones de aquellas familias eran formados para desempeñar profesiones liberales. Julia no se resignó ante esta situación, y siendo muy joven se aventuró a realizar acciones que eran privativas del mundo masculino, como conducir un automóvil, administrar una estancia o volar en avión.
Fue una gestora cultural en torno a la música. Organizó coros y se interesó por la educación de los adolescentes: generó la Asociación Mutualista Escolar y fundó escuelas en el interior del país. Escribió libros de lectura en coautoría con su hermana. El arca de Noé fue su obra más destacada. Sus días de descanso en Alta Gracia, Córdoba, fueron aprovechados por las hermanas para escribir el libro donde desandaban los caminos de la infancia: “Y así, recordando su niñez, quisieron dedicar el tiempo a los niñitos de ahora, para divertirlos con lo que a ellas las había divertido, para despertarles ese gusto por la lectura y el trabajo, que les era un tesoro en la soledad. ¡Quizás ellos se encontrarán también solos alguna vez! No creáis, pues, que este libro haya sido escrito por un serio profesor de anteojos de oro, en un solemne escritorio, a la triste luz de una lámpara. No: este libro ha sido escrito bajo los árboles y en compañía de los pajaritos.”.
Viajó por Europa y Asia, experiencia que retrató en su obra Vida. Época maravillosa. 1903-1911. Curiosamente, en esos relatos escribía la sensación que le había producido la edición de sus libros de lectura: “En cuanto llegué a París me encontré con una sorpresa agradable. El Arca de Noé (los libros escolares escritos por mi hermana Delfina y por mí), cuyas pruebas me habían seguido por todo Oriente, estaban esperándonos en el hotel, ya totalmente terminados. Dos tomos preciosos.”. Su tiempo de viaje se extendió y en París se encontró con el estanciero argentino Ignacio Uranga, con quién se casó en la capital de Francia. A partir de ahí, “esa niña bien” se puso a la par de su marido para administrar juntos la estancia.
De regreso al país, además de estar a cargo de las tareas administrativas de la estancia, continuó con su trabajo educativo a través de la fundación de escuelas. A pesar de que su condición social le podría haber permitido llevar una vida cómoda y frívola, Julia no aceptó pasivamente ese rol y siempre buscó ser aceptada en el mundo de los hombres, comprometiéndose en acciones que les eran vedadas a las mujeres de la época.
Falleció en Buenos Aires el 26 de julio de 1969.
