Clementina Conte de Alió (1838 – 1916)
Educadora
Clementina Conte de Alió (1838 – 1916)
En primera persona
«Hay un interés social en educar a la mujer, dignificándola por la acción moralizadora del trabajo, y los poderes públicos deben ocuparse preferentemente de llevar a las mujeres a los puestos adecuados en la administración, reglamentando el uso de hacer efectiva tan saludable reforma»
Biografía
Clementina Conte de Alió nació en la ciudad de Nimes, Francia, el 4 de enero de 1838 y falleció en la ciudad de Rosario, Santa Fe, el 18 de noviembre de 1916. Realizó sus estudios secundarios en su ciudad natal. Se trasladó a Argentina por sugerencia de sus tíos, los Cambaceres. Una vez instalada en Buenos Aires, entabló relación con el doctor Agustín Mariano Alió, periodista republicano español, con quien contrajo matrimonio. Su esposo fue nombrado rector del Colegio del Uruguay “J. J. de Urquiza”, y por este motivo se trasladaron de manera permanente en la ciudad de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.
En marzo de 1873 se inauguró la Escuela Normal de Preceptoras de Concepción del Uruguay. Allí Clementina fue nombrada directora e hizo una brillante gestión, ajustando aspectos organizativos de la institución, como la redacción de un reglamento, que entre sus disposiciones incluía: tres categorías de alumnas: internas (becadas como pensionistas), externas, y oyentes. Indicaba también las obligaciones del personal: directora, subdirectora, secretaria, ayudante, celadoras, y la encargada de la administración económica. Las prácticas que debían realizar las alumnas en la Escuela de Aplicación fueron reestructuradas. Cabe señalar que una de las particularidades del reglamento consistía en contar con alumnas mujeres en la categoría de externas y oyentes, lo que no era para nada común en esa época.
Clementina Conté de Alió había revolucionado el mundo de la formación de mujeres en el siglo XIX, logrando un ámbito de reconocimiento profesional y de compromiso con el género. Fundó una biblioteca, dotándola de un importante fondo bibliográfico para el estudio y formación de las futuras maestras. A su vez, trabajó en la traducción adaptada del libro Curso de pedagogía de Gabriel Compayre, que había sido traducido anteriormente por Domingo Faustino Sarmiento.
El Congreso Pedagógico, llamado Internacional en su momento, se desarrolló en Buenos Aires durante abril y mayo de 1882 en el marco de la “Exposición Continental de la Industria”. Concurrieron más de 250 delegados y participaron las figuras más importantes del elenco político e intelectual de la época. En ese marco, Clementina Comte de Alió participó con su voz, para poner en un lugar relevante la educación de la mujer.
“He pedido la palabra: para rogar al Honorable Congreso se digne tomar en consideración y sancionar el artículo adicional que propongo para complementar el proyecto de resolución presentado por la Comisión sobre el tema: La educación de la Mujer. Le solicito porque creo que en esta cuestión, de tan vital interés social, se puede y pudiendo, se debe hacer algo más que lo que la Comisión propone. Es bueno e importante que este Congreso, proclamando la necesidad, ya reconocida, de educar a la mujer, haga estensivas a los dos sexos las enseñanzas primarias, pues todas tienen aplicación aún en la vida íntima de la familia, verdadero dominio de la mujer.
“Pero como esto existe ya entre nosotros prácticamente, como lo demuestran y comprueban los programas y planes de estudios no solo de esta capital sino de las provincias argentinas, el Congreso no hace más que interponer la autoridad de su competencia para darle estabilidad. Bueno es también, señores, reconocer la conveniencia de que las leyes y reglamentos escolares estimulen y favorezcan la especialización y el predominio que adquiere naturalmente y por esfuerzo propio la mujer, como educacionista primaria. Pero no basta, algo más se puede hacer, y por eso me permitiréis que insista. Como ya lo he dicho en este Congreso, Ia naturaleza le dio a la mujer una función docente desde que la hizo madre; y ejerciéndola, ella tiene una influencia decisiva sobre los destinos de la sociedad. Para que esa influencia sea benéfica, no bastará educar ni aun instruir a la mujer: es necesario preservarla, en cuanto es humanamente posible, de la ociosidad y de la miseria; los dos grandes escollos de las virtudes de la mujer! Señalar el mal, es proponer el remedio, porque es uno y específico para los dos casos: la ociosidad como la miseria solo tienen como antídoto, como curativo, el trabajo.”.
Hacia finales del siglo XIX, decidió retirarse del mundo de la educación, y se fue a vivir a Rosario. Falleció en esa ciudad en 1916. El Ministerio de Instrucción Pública de la Nación se unió con dolor a la pérdida de una mujer que, viniendo de tan lejos, supo vivir como suya la nueva tierra que habitó, tomando como estandarte la defensa de las mujeres.
