Los orĂgenes de la Biblioteca Nacional de Maestros (Parte 2)

En 1881, como superintendente general de Escuelas del Consejo Nacional de EducaciĂ³n, Sarmiento planteĂ³ crear con ambos fondos una biblioteca popular que estuviera a la altura de esa gran aldea convertida ahora en ciudad capital y fusionar la Biblioteca del Municipio con la de Maestros, en vistas de la falta de herramientas jurĂdicas para disponer el traspaso a un privado. Sin embargo, los vocales del Consejo se resistieron a mezclar los libros del Estado con publicaciones procedentes de la propia comunidad que despreciaban, poniendo en evidencia cĂ³mo la cultura letrada se escindĂa en dos circuitos, uno culto y otro popular:Â
«muestras de lo que la literatura moderna ofrece de mĂ¡s subalterno y pernicioso, pues la del municipio se ha formado de los rezagos de las bibliotecas privadas y hubiera sido necesario depurarla cuidadosamente para no dar al pueblo como alimento intelectual la resaca de las producciones del ingenio, que las viejas sociedades arrojan en el exceso de su vitalidad desbordante.»
AsĂ, los libros permanecieron bajo la dependencia del Consejo Nacional de EducaciĂ³n, aunque por una disposiciĂ³n del 21 de mayo de 1881 se depositaron en el recinto de la biblioteca popular del barrio de San NicolĂ¡s. Mientras estuvieron allĂ, los libros mantuvieron separados del fondo de la entidad anfitriona, y la atenciĂ³n al pĂºblico se realizĂ³ con personal propio del Consejo. Por un decreto de 1883 se dispuso que los fondos bibliogrĂ¡ficos de la originaria instituciĂ³n:Â
«quedasen en la Biblioteca dependiente del Consejo para servir de base a la Biblioteca PĂºblica de Maestros.»
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